El movimiento sinfónico de la COL
El Diario Tricolor.- El movimiento sinfónico de la región zuliana vibra con una energía desbordante. Así quedó demostrado el pasado mes de mayo, cuando la Orquesta Sinfónica de la Costa Oriental del Lago, «Maestro Freddy Padrón», ofreció al público marabino dos conciertos memorables en los escenarios icónicos de Maracaibo: Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB) y el Teatro Escuela Niños Cantores del Zulia.
Conducidos por la magistral batuta del maestro Emilio Contreras, los jóvenes músicos demostraron un elevado nivel técnico y versatilidad en la interpretación de un repertorio de alta exigencia.
La propuesta musical se estructuró en torno a tres grandes referentes de la composición. Comenzando con la pieza del venezolano Evencio Castellanos, el poema sinfónico “El Río de las Siete Estrellas”, continuando con el romanticismo del compositor checo Bedřich Smetana y su obra El Moldava, culminando con la majestuosa Quinta Sinfonía en mi menor, op. 36, del insigne creador ruso Piotr Ilich Tchaikovsky.
La velada musical inició con sutiles bloques tímbricos y armonías extendidas que sugieren el misticismo del paisaje, alternando con el vigor rítmico de los metales y la percusión que evocan la fuerza indomable del Río Orinoco. En la segunda obra, el nacimiento del río Moldava, es recreado mediante un sutil juego de texturas polifónicas, donde los vientos madera agudos (flautas), representan el primer manantial, sumándose luego los clarinetes que simulan la confluencia de las corrientes.
El programa concluye de manera monumental con la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky, que a diferencia del fluir geográfico de las piezas anteriores, nos sumerge en el rigor de la música absoluta y la idea de destino. El sombrío motivo conductor, introducido desde el primer compás por el registro melancólico del clarinete, reaparece de manera cíclica a lo largo de los cuatro movimientos. La orquesta ejecuta transiciones impecables, llevando a la audiencia desde la densa penumbra de una marcha fúnebre en el primer movimiento, a un himno de triunfo imponente en el Finale.
En síntesis, una sección que exige rigurosa precisión en la ejecución, así como una entrega física y emocional absoluta, lo cual evidenció la extraordinaria conexión entre el director y los músicos, dejando a la audiencia sumida en un silencio ceremonial, que finalmente se volcó en una prolongada ovación de pie.
Por su parte, la presentación del 31 de mayo en el Teatro Escuela Niños Cantores, cerró con la interpretación del recio joropo llanero «Pajarillo», pieza tradicional del folclore nacional, y la emblemática obra «Venezuela», bajo la enérgica dirección del maestro Israel Zambrano, director del núcleo Los Puertos de Altagracia. El estallido final de júbilo demostró que la música en Venezuela sigue siendo el lenguaje de esperanza y triunfo sobre el destino.
Geraldine Lunar Sánchez
Licenciada en Idiomas


