Editorial y Opinión

MÁS DE VEINTE AÑOS DE DESCONFIANZA ELECTORAL

El Diario Tricolor.- La confianza es el principal activo de cualquier sistema electoral. En cuanto un ente electoral pierde credibilidad, cada elección termina siendo cuestionada por una parte importante de la sociedad. Venezuela ha vivido esa realidad durante más de dos décadas. Las controversias que rodearon el referéndum de 2004, la abstención parlamentaria de 2005, el referendo constitucional de 2007, la enmienda. de 2009, las elecciones presidenciales de 2012 y 2013, la victoria opositora en 2015, la Asamblea Nacional Constituyente de 2017, elecciones presidenciales de 2018, elecciones parlamentarias de 2020, elecciones regionales de 2021, elecciones del 28 de julio de 2024, el fraude más descarado que se haya cometido en Venezuela.

El debate sobre la transparencia del sistema electoral venezolano ha resurgido con fuerza a partir de la difusión de presuntos documentos de inteligencia estadounidenses, los cuales describen un supuesto esquema de manipulación desarrollado desde el referéndum revocatorio de 2004. Más allá de la autenticidad o del alcance de esos informes, el verdadero problema radica en que millones de venezolanos dejaron hace tiempo de confiar en la institución encargada de garantizar la voluntad popular.

Los señalamientos señalan que el aparato electoral habría evolucionado desde mecanismos tecnológicos sofisticados, hasta formas de control político e institucional cada vez más complejas. Esas afirmaciones deberán ser analizadas por investigadores, historiadores y, en caso de existir evidencias suficientes, por las instancias judiciales competentes. Sin embargo, aún dejando de lado tales denuncias, resulta evidente que el deterioro de la confianza ciudadana es un hecho político imposible de ignorar.
A ello se suma la carencia de independencia de la fiscalía y del poder judicial entre otros organismos del Estado.

Las democracias no solo necesitan que las elecciones sean limpias sino que los ciudadanos tengan confianza en el sistema electoral. Esa diferencia, aparentemente sutil, determina la estabilidad de las instituciones. Cuando el elector siente que su voto puede no ser respetado, disminuye la participación, aumenta la polarización y se debilita la legitimidad de quienes resultan proclamados.

Los procesos electorales en Venezuela han estado acompañados por denuncias de parcialidad institucional, cuestionamientos nacionales e internacionales, sanciones políticas y profundos debates sobre el funcionamiento del Consejo Nacional Electoral; la utilización, sin ningún tipo de vergüenza, de los recursos del Estado. A ello se suma un ambiente de confrontación que ha convertido cada proceso electoral en una disputa por la legitimidad antes que en una auténtica competencia democrática.

Los procesos de elecciones en Venezuela permiten mostrar que ningún sistema político puede sostenerse indefinidamente sobre la desconfianza. Las instituciones sólo conservan su autoridad cuando actúan con independencia, transparencia y plena rendición de cuentas. Las auditorías abiertas, la publicación oportuna de los resultados, la observación internacional y el respeto a las normas son elementos indispensables para fortalecer la credibilidad de cualquier proceso electoral, valores fundamentales para generar confianza en la ciudadanía.

En la actualidad el desafío no consiste únicamente en determinar qué ocurrió en cada proceso electoral del pasado. Por lo tanto, el reto mayor es reconstruir la confianza de una sociedad profundamente dividida y convencida, en buena parte, de que su voluntad ha sido objeto de disputas permanentes. Esa tarea exige mucho más que tecnología electoral: requiere instituciones independientes, árbitros imparciales y actores políticos comprometidos con el respeto a la voluntad popular.

En definitiva, la discusión sobre los informes, las denuncias y las presuntas irregularidades debe servir para impulsar un debate serio sobre la necesidad de fortalecer los sistemas democráticos. La legitimidad de un gobierno no depende exclusivamente del resultado anunciado por una autoridad electoral, sino de la convicción colectiva de que cada voto fue contado con honestidad y que la soberanía popular prevaleció sobre cualquier interés político. Mientras esa certeza no exista plenamente, la sombra de la desconfianza continuará proyectándose sobre la historia política de Venezuela.

El principal y gran reto en Venezuela es conformar un nuevo CNE con ciudadanos íntegros e independientes, además de hacer los cambios drásticos del sistema electoral en materia tecnológica, verificables y bien auditables, y si es posible volver al sistema manual o híbrido como se hizo en su momento con Indra, donde el proceso era manual y las boletas se escaneaban y luego se hacía la transmisión.

Lcdo. Donnys Carrasco
CNP-COL 6929