¿De quién es la culpa? Más allá del estigma sobre las dos ruedas
El Diario Tricolor.- A diario, los titulares de prensa y las redes sociales, nos bombardean con noticias de accidentes de tránsito. En la gran mayoría hay una motocicleta involucrada. Casi por acto reflejo, el juicio público recae sobre el motorista: se le señala, se le critica y se le culpa de inmediato, sin siquiera conocer las circunstancias del hecho.
Es común leer críticas feroces sobre las maniobras en el tráfico o el traslado de menores de edad. Sin embargo, pocos se detienen a analizar el trasfondo social de esta realidad.
El incremento masivo de motos en Venezuela no es un capricho ni una moda; es la respuesta directa a una situación económica que nos abruma.
Para miles de familias, la moto no es un juguete: es
el sustento del hogar, la herramienta de trabajo para mensajeros y delivery; el transporte familiar, el único medio para movilizarse cuando el transporte público falla o los costos de un vehículo de cuatro ruedas son inalcanzables. La alternativa al taxi: un auxilio para quienes no pueden costear tarifas privadas elevadas.

Si bien se han incrementado las leyes, reglamentos y controles sobre los vehículos de dos ruedas, muchas veces estas medidas parecen enfocadas solo en ver al motorizado como un «problema» que hay que erradicar o sancionar, ignorando que para muchos hogares, esta moto representa el pan de cada día.
Esto no busca justificar la imprudencia. Es innegable que existen conductores irresponsables que ponen en riesgo su vida y la de los demás, pero no es justo medir a todo un gremio con la misma vara. Para la gran mayoría, estar sobre dos ruedas es más trabajo que diversión.
Exhorto a la comunidad, a las autoridades municipales y a los conductores de vehículos de carga y particulares a una reflexión profunda. Detrás de ese casco hay un padre, una madre o un hijo tratando de salir adelante en un país complejo. No todos salen a la calle por placer; la mayoría sale por necesidad.
Antes de señalar o juzgar tras un incidente, miremos la realidad que nos rodea. La seguridad vial es responsabilidad de todosbpero la empatía es el primer paso para una convivencia sana en nuestras vías.
Articulista: Mirta Fernández.


