Desde mi Curul: Salario y respeto: El dilema del servidor público
El Diario Tricolor.- En la actual transición que vive Venezuela, la narrativa económica suele centrarse casi exclusivamente en la urgente recuperación del poder adquisitivo. Si bien es innegable que el salario ha sido pulverizado por la crisis, existe un factor intangible que hoy pesa tanto o más que el pan en la mesa: el respeto a la dignidad del trabajador.
Históricamente, el empleado público ha sido la columna vertebral de la institucionalidad. Sin embargo, en los últimos tiempos, se le ha reducido a una figura de resistencia heroica pero profundamente maltratada por este régimen durante 27 años. El Respeto no es un concepto abstracto; se manifiesta en condiciones de trabajo dignas en el reconocimiento de la meritocracia y en la eliminación definitiva de la politización de los cargos.
Los socialistas despreciaron permanentemente la ética del conocimiento y del reconocimiento. Priorizaron el control ideológico y político, sobre la verdad científica-objetiva.
Un salario de hambre es, en sí mismo, una falta de respeto pero el maltrato se profundiza cuando el profesional y el obrero petrolero y administrativo, son «ningunneados». El médico, la enfermera, el docente, el ingeniero, el militar, el abogado,
siente que su conocimiento y sus años de servicio carecen de valor real.
En este proceso de la transición se demanda con seriedad una revalorización y que se consideren algunos de los siguientes aspectos, en los cuales seré muy puntual:
Suficiencia y Dignidad: el sueldo debe cubrir lo básico y permitir el crecimiento personal.
Meritocracia: respetar al empleado es garantizar que su ascenso dependa de su capacidad.
Protección Social: la seguridad jurídica y de salud son pilares del respeto institucional.
Como bien señalaba el pensamiento civilista de José María Vargas, «el mundo pertenece al hombre justo». En la administración pública, la justicia comienza por reconocer que el trabajador no es un número sino un ciudadano con derechos inalienables.
Venezuela no solo necesita reconstruir sus bóvedas sino también su moral administrativa. Necesitamos un servidor que no solo trabaje para sobrevivir sino que se sienta orgulloso de su investidura. El Respeto es el alimento del espíritu, y sin él, cualquier ajuste económico será insuficiente para retener el talento que el país requiere. Al final, el pan sacia el hambre de hoy, pero el respeto garantiza la estabilidad de mañana.
Veremos después de tantas movilizaciones qué anuncios de verdadera realidad, ocurren por parte del Gobierno para este 1 de Mayo, fecha tradicional del trabajador.
Felicitaciones adelantadas.
Atriculista: Dr. Mario Douglas Serrano Meoz/


