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Cierre del estrecho de Ormuz sitúa a Venezuela como eje estratégico para suministrar crudo

“Para Occidente, una situación normalizada de la industria petrolera en Venezuela genera una posición de contrapeso importante frente a Irán”, dice una de las fuentes citadas por El Mundo en su reciente artículo. El estrecho de Ormuz es la principal vía de salida del combustible de Arabia Saudí, Iraq, Emiratos, Irán o Qatar. En el lado opuesto, con cinco millones de barriles diarios, China es el principal destino del combustible que atraviesa esta arteria del comercio mundial

El Diario Tricolor.- La mayor refinería de la estadounidense Aramco en Arabia Saudí recibió ayer el impacto de los restos de dos drones iraníes, un petrolero fue atacado en el estrecho de Ormuz y Qatar anunció la suspensión de su producción de gas por la escalada de violencia.

En pleno colapso en Oriente Próximo, con el precio del Brent al alza y el del gas desbocado, gobiernos y petroleras europeas confían en que el abastecimiento está garantizado. De acuerdo con El Mundo, una de las razones de esa calma relativa está a más de 8.000 kilómetros, en Venezuela, que en esta crisis ha emergido como eje estratégico para la seguridad de suministro de Occidente.

Los equipos de riesgo de las mayores petroleras occidentales llevan meses sin despegar la vista de Irán. “Estamos en situación de atención permanente, porque el mundo está lo suficientemente intenso como para que no perdamos la tensión”, describe un alto cargo de una de las mayores energéticas españolas. Con todo, califica de “tensión controlada” la escalada militar en el Golfo.

Los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán y las represalias de Teherán en la región han sorprendido a Europa en una posición muy distinta a la que tenía durante la guerra de Yom Kippur, que derivó en un shock energético mundial que dio lugar a la crisis del petróleo de 1973.

Entonces, la Opep decidió cortar el grifo del crudo a los países que apoyaron a Israel durante el conflicto, y eso desbocó los precios del combustible a nivel mundial. Desde ese momento, pero sobre todo tras la guerra en Ucrania, los Veintisiete han diversificado sus importaciones de combustible. La Opep ha perdido peso relativo frente a Noruega, EE. UU. y, posiblemente, a partir de ahora también Venezuela.

El estrecho de Ormuz es la principal vía de salida del combustible de Arabia Saudí, Iraq, Emiratos, Irán o Qatar. En el lado opuesto, con cinco millones de barriles diarios, China es el principal destino del combustible que atraviesa esta arteria del comercio mundial, seguido del resto de Asia (2,2 millones). Es por ello que el gigante asiático es el perdedor incuestionable del colapso del estrecho de Ormuz.

En otras circunstancias, Pekín recurriría a Venezuela, uno de sus socios históricos para compensar la inminente caída de oferta. Pero lo cierto es que, a día de hoy, el crudo de Caracas responde a los intereses de Occidente, en general, y a los de Washington, en particular.

Y es que la guerra contra Irán ha estallado justo dos meses después de la intervención militar de Washington en Caracas. Tras capturar a Nicolás Maduro, el Gobierno de Donald Trump mantiene intervenido el país política y económicamente. Uno de sus primeros movimientos ha sido, precisamente, otorgar a las grandes petroleras mundiales licencia para operar en el territorio.

Venezuela, que posee una quinta parte de las reservas mundiales de petróleo, llegó a producir 3 millones de barriles diarios en su punto álgido, a mediados de la década de los 2000. Aunque recuperar ese ritmo no va a ser cosa de un día, desde la caida de Maduro sus exportaciones han crecido drásticamente hasta 800.000 barriles por día (bpd) en enero, frente a los 498.000 bpd de diciembre.

Y aunque China se ha hecho con parte de ese crudo, ahora debe adquirirlo a a través de Washington. Según el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, las transacciones serán con “negocios chinos legítimos y bajo condiciones comerciales legítimas”. Es decir, bajo las reglas que fije Donald Trump.

La industria del crudo venezolana aún requiere mucha inversión y no menos infraestructuras. Algunas petroleras estadounidenses todavía mantienen recelos por las expropiaciones del pasado. Pese a todo, con el estrecho de Ormuz fuera de juego, las energéticas occidentales miran con renovado interés a Caracas.

“Los flujos de combustible siempre acaban reacomodándose. Para Occidente, una situación normalizada de la industria petrolera en Venezuela genera una posición de contrapeso importante frente a Irán”, aseguran fuentes del sector, que enfatizan que China ha perdido parte de esa fortaleza.

Fuente: Versión Final.