La Época Dorada del Cine en Ciudad Ojeda y Lagunillas
El Diario Tricolor.- Los registros históricos señalan que las primeras proyecciones cinematográficas en nuestra ciudad tuvieron lugar en el edificio de la Prefectura. Poco después, en 1948, se inauguró el primer cine oficial gracias a la iniciativa de Pedro Alcides Blanco, quien bautizó el espacio como Cine Ojeda, situado en el actual Boulevard Sucre. Años más tarde, la administración y el legado del recinto quedarían en manos de su hijo, Gabriel Blanco.

Este lugar se consolidó rápidamente como un emblemático punto de encuentro comunitario gracias a su singular formato y versatilidad. Su diseño consistía en una sala a cielo abierto (destechada) que, en sus inicios, contaba con una estructura de madera para luego ser levantada en mampostería. Para disfrutar de las funciones, los espectadores debían cargar con sus sillas plegables o taburetes. Además, la promoción formaba parte del encanto tradicional del pueblo: los títulos de las películas, sus actores y los horarios se anunciaban en pliegos de papel fijados con almidón sobre paneles de madera, los cuales se amarraban con alambre a los postes de las esquinas más concurridas.
Con el paso de los años, la oferta cultural se expandió hacia las inmediaciones de la Plaza Bolívar, donde surgió el Cine Nuevo, propiedad de Bruno Bertelli y de los hermanos Luigi y Carlos Da Prato. Como divertida anécdota de la época, algunos jóvenes aprovechaban que el cine era un espacio descubierto para subir a la azotea del Hotel Astoria y ver las funciones de forma gratuita. Esta sala tuvo una vida corta y fue sustituida en el mismo sitio por el Cine Canaima.
Antes de la desaparición del Cine Nuevo, se edificó el Cine Teatro Iris, de la mano de Antonio Pietroantonio y Venceslavo Barignani. Desde su inauguración, este espacio ofreció un nivel superior de confort al estar dotado de aire acondicionado, butacas acolchadas con espaldar semirreclinable y un práctico expendio de chucherías.
Estas salas ofrecían una amplia variedad de géneros y procedencias, atrayendo a espectadores de todas las edades. Asimismo, cumplían una doble función social, sirviendo como escenarios para la presentación de artistas famosos, tanto nacionales como extranjeros, lo que permitía al público ver de cerca a sus ídolos.
La magia del séptimo arte no se limitó al centro de Ciudad Ojeda; también llegó a distintos sectores del Municipio Lagunillas a través de locales como el Cine Brisas del Lago (Campo Grande), el Cine Flamingo (Centro Comercial de Lagunillas), el Cine El Rosario y el Cine El Rívoli (ambos en Las Morochas), entre otros. Adicionalmente, los clubes de las empresas petroleras disponían de sus propias pantallas para el entretenimiento de sus socios y familiares.
Con el transcurrir de las décadas, la tendencia cambió y las grandes salas de gran aforo comenzaron a cerrar sus puertas. Muchos de estos emblemáticos espacios terminaron transformados en locales comerciales, templos religiosos o talleres de reparación. Aunque las pantallas se hayan apagado, los recordados cines del municipio dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva de los lagunillenses.
Por: Politólogo Francisco Kico Chávez/Cronista del Municipio Lagunillas


