Desde mi Curul: La sentencia de 314 millones de $: poder, geopolítica o impunidad soberana?
El Diario Tricolor.- El reciente y estruendoso fallo de un tribunal federal de Miami, a cargo del juez Darrin P. Gayles, sacudió el tablero internacional al dictar una sentencia en rebeldía por 314 millones de dólares contra el régimen de Nicolás Maduro, el testaferro Alex Saab y el Cártel de los Soles.
Esta millonaria compensación fue ganada por tres ciudadanos estadounidenses (Jerrel Kenemore, Jason Saad y Edgar José Marval), quienes sufrieron detenciones arbitrarias y torturas en Venezuela bajo una cínica diplomacia de rehenes. Sin embargo, en medio de esta aparente victoria de la justicia norteamericana, un nombre clave quedó milagrosamente a salvo de pagar las consecuencias financieras: Delcy Rodríguez.
Para entender este revés, hay que examinar el laberinto procesal del sistema judicial estadounidense y la doctrina de la inmunidad soberana. A diferencia de los demás implicados, que ignoraron el juicio, la defensa de Rodríguez acudió a los tribunales respaldada por un comodín del derecho internacional: los altos dignatarios y Jefes de Estado en funciones gozan de una protección procesal que impide ser juzgados civilmente en tribunales extranjeros por actos de su cargo.
El giro crítico y verdaderamente oscuro ocurrió cuando el Departamento de Justicia de EE. UU. intervino formalmente en el proceso. La Casa Blanca, haciendo uso de sus atribuciones constitucionales en materia de política exterior, certificó y exigió la aplicación de dicha inmunidad para la Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, en funciones Delsy Rodríguez, tras reconocerla en las estructuras de poder de Caracas.
Ante la opinión pública, esta maniobra dejó un sabor a «amarga transacción comercial.» Se vendió la percepción de que se priorizó la Realpolitik descarnada: Un pacto tácito donde se blinda a la cúpula chavista de las sanciones civiles a cambio de asegurar el flujo ininterrumpido del petróleo y el oro venezolano hacia los mercados occidentales y corporativos de USA.
De este modo, los crímenes de lesa humanidad y el dolor de las víctimas quedan subordinados al apetito voraz por los recursos naturales. La inmunidad se convierte así en un salvavidas cínico, demostrando que en el tablero de la geopolítica global, los intereses del crudo y el oro, pesan infinitamente más que la justicia humana.
Con esta decisión, pareciera que Washington estuviera gritando: Hay Delcy Rodríguez para rato.
Creo que, a fin de cuentas, con este blindaje procesal otorgado, «por ahora», el mensaje que Washington envía al Mundo es claro: En Venezuela podrán instalar una nueva Asamblea Legislativa, intentarán nombrar un nuevo CNE, podrán seguir publicando en sus Redes: Elecciones Ya!.etc, etc, pero la jugada del «Catire» demuestra que la lectura de fondo es una cruda verdad, escondida en el ritmo de aquella vieja canción venezolana :«La Vecina», cantada Cristina Maica: «Con lo mío, mío, mío, con mi Delcy, no se metan».O es que no han comprendido que lo ajeno se respeta.» «Si allá en su casa el amor que no puede hallar, no busque aquí, que aquí no se les ha perdido*»
Dios salve a Venezuela.
Articulista: Mario Douglas Serrano Meoz.
cerranomario1901@gmail.com.


