Editorial y Opinión

SINTIENDO LA SOLEDAD …A quienes vieron partir lo más sagrado de su vida.

El Diario Tricolor.- La complejidad de la vida en la dinámica relación humano – naturaleza, el contexto de la realidad, despierta y se hace presente en el cadalso de la existencia espinosa y finita. Nada parece igual, ni la misma necesidad de ser y de sentir, cuando los sonidos del recuerdo aprisionan el tiempo haciendo inhabitable la morada del espacio.

Fulton. J. Sheen, en su libro el camino a la felicidad dice: «ningún ser humano es capaz de ver en el otro en qué situación se haya dentro de su camino». Una premisa para interpretar una diversidad de principios que son inherentes al género humano.
Al efecto, sensibilizamos lo que sentimos, o se valora cuando dormimos y despertamos en la dualidad existencial del dolor y la soledad.

Contemplando la inflexible autenticidad de la vida, el sentimiento afectivo se interioriza en quienes han vivido la transición de lo presente a lo inexistente.
En quienes son atrapados por la angustia, apartándolos de la verdad exterior para encontrarse con su propia y total independencia, o entendida de otra manera, aislando la materialidad que invade nuestras sensaciones para descubrir nuestra propia interioridad. En este estado de indefensión se engendra la soledad, el encuentro con el vacío, con la vibrante resonancia del tiempo, pensando en el mundo que llevamos dentro, evaluando la intimidad de nuestro alrededor, que en la mayoría de los casos nos conlleva a exigencias llenas de hostilidad hacia el individuo saturadas de incomprensión.

En momentos de soledad la naturaleza de las vivencias humanas no tienen ninguna explicación sobre el sentido propio de la vida. La misma es como una burbuja cristalina, frágil y sensible que vuela y desaparece. Sólo la nostálgica sensación de pesar hace renacer los recuerdos con sublimes sentimientos.
No hay manera física en la vida de quien ama silenciar un dolor, un recuerdo, cuando realmente se encarna el sentimiento con la necesidad de ser. No existen palabras, ni hechos que llenen ese espacio creado para sentir, sólo la soledad unida al sentimiento espiritual enjugan el alma y rompen el cristal de las lágrimas para encontrarse consigo mismo.

En la soledad el pensamiento se esparce en la inconmensurable infinitud del espacio, en la profundidad de la luz, en el templo del cielo sintiendo la vida eterna llena de gloria multicolor. En esa dimensión sumergimos nuestro espíritu para pensar, recordar, para detener el tiempo y buscar la luz de la verdad, razón absoluta de la existencia. En días de soledad no hay refugio en la pena misma, no hay presencia tangible que toque la sensibilidad de la piel y nada será más implacable que el amanecer, que la razón, la incertidumbre, que la misma sustantividad.

«Dios escribe recto con líneas torcidas», lo dijo un día difícil el padre Jorge Rincón. Pero está claro que debemos atenernos a lo difícil, todo lo viviente tiende a ello, sólo en la espiritualidad y por ella nos mantenemos con la certeza que no nos abandonará.

Articulista: JOSÉ LUNAR LIRA
FILÓSOFO