Editorial y Opinión

Desde Mi Curul: La dracma que he perdido

El Diario Tricolor.- Desde mi curul hoy no quiero hablar de leyes sino de algo mucho más valioso: la dracma de la unidad familiar. Como aquella mujer de la parábola que encendió una lámpara y barrió su casa con afán hasta encontrar la moneda perdida, así debemos actuar nosotros ante el desgaste de nuestros vínculos más cercanos.

​Vivimos tiempos vertiginosos donde la tecnología a menudo se convierte en un muro invisible. Hemos permitido que la mediocridad, el egoísmo, el miedo y la envidia empañen nuestra relación con el prójimo. Estas sombras no solo nos aíslan sino que carcomen la base de cualquier sociedad sana. La honra a los padres ese pilar sagrado ha quedado relegada, cuando debería ser el primer ejercicio de amor desinteresado que aprendemos.

¿Cómo recuperar esta dracma perdida?
Encendiendo la lámpara de la empatía. La verdadera grandeza humana nace cuando dejamos de mirar al vecino con recelo para verlo como un hermano. Honrar a nuestros mayores es el antídoto contra el egoísmo, pues nos enseña que no somos el centro del universo, sino parte de una cadena de vida que requiere gratitud. Volver a las mesas sin pantallas, pedir consejo y reconocer el valor ajeno es un acto de rebeldía ante el veneno de la envidia.

​Debemos despojarnos del miedo que nos impide tender la mano. Cuando un hijo honra, sana su historia y fortalece el tejido social; cuando amamos al prójimo, derrotamos la mezquindad. Hagamos de nuestro hogar y nuestra comunidad un santuario donde la paz se cultiva con entusiasmo.

​Como nos enseñó el Señor en el Evangelio según San Juan (13:34-35):
​»Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a los otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.»
​¡Es momento de amar con valentía!
​Dios salve a Venezuela.

Articulista: Mario Douglas Serrano Meoz.