Editorial y Opinión

90 años de la Sociedad Pro-La Guardia: El eco de Nueva Esparta en las riberas del Zulia

El Diario Tricolor.- La historia del Zulia es, en esencia, un crisol donde se funden las voces de quienes llegaron atraídos por el fulgor del «oro negro». En la Costa Oriental del Lago, la explotación petrolera no solo transformó el paisaje geográfico, sino que moldeó una nueva identidad. Entre esa multitud que arribó buscando futuro, un grupo de hijos de la perla del Caribe (el Estado Nueva Esparta) decidió que su arraigo no sería pasajero. Así nació la Sociedad Pro-La Guardia, una institución que, al arribar a sus 90 años de existencia, se erige como un monumento a la identidad y la resistencia cultural.

Era el 19 de abril de 1936. En la ya extinta Lagunillas de Agua, donde las casas se alzaban sobre estacas desafiando el oleaje, un grupo de visionarios decidió tender un puente invisible hacia su tierra natal. Con la firme intención de integrar a sus paisanos y procurar el progreso de su territorio insular, Rafael Boadas y Eduardo Salazar asumieron la conducción de esta naciente organización. No buscaban solo asociarse; buscaban salvaguardar la esencia margariteña en un entorno extraño, velando por los servicios fundamentales y el bienestar común.

La historia de la Sociedad es una parábola de resiliencia. En noviembre de 1939, el destino puso a prueba los cimientos de la organización: el voraz incendio que consumió el poblado palafítico de Lagunillas de Agua redujo a cenizas su primera sede. Sin embargo, aquel desastre no fue el fin, sino un bautismo de fuego.

Lejos de quebrarse, el espíritu de sus fundadores se avivó. Fue así como, apenas unos meses después, el 14 de abril de 1940, la Sociedad Pro-La Guardia renacía desde un balcón de madera en la pregonada “Frontera” del casco central de Lagunillas. Aquel episodio marcaría el ADN de la institución: una capacidad inquebrantable para levantarse de las cenizas.

La travesía de la Sociedad ha sido larga y, a veces, errante. Desde la casa de Ramón Hernández en Campo Rojo, pasando por su estancia en Cabimas, hasta su retorno definitivo a Ciudad Ojeda para cambiar de sede en repetidas ocasiones, la institución nunca perdió su brújula.

En su bitácora de logros, destaca un hito que honra su nombre: en 1940, gracias a la insistencia de sus directivos ante el Gobierno Nacional, se logró la puesta en servicio de un acueducto que llevó agua potable al poblado de La Guardia, una victoria que simbolizó la eficacia de su gestión. A esto le siguió, dos años después, la llegada de un servicio eléctrico, tenue pero esperanzador, para su extensa comarca.

En 1965, el Consejo Municipal del Distrito Bolívar reconoció el valor de esta hermandad donando el terreno en la calle Trujillo, donde en 1968, gracias a la solidaridad de socios y amigos, se levantó su sede actual, un hogar construido con el sudor y la generosidad de su gente.

Declarada en 1996 como Patrimonio Cultural del Estado Nueva Esparta, la Sociedad Pro-La Guardia sigue viva, recordándonos que, aunque el petróleo cambió la forma del Zulia, la cultura es el fondo que sostiene nuestra memoria colectiva.

Hoy, al conmemorar 90 años de vida, la Sociedad Pro-La Guardia es mucho más que una organización: es el corazón que late al ritmo del galerón, es la fe inquebrantable en la Virgen del Valle que se pasea por el Zulia, y es la herencia de unos hombres y mujeres que no permitieron que la distancia borrara su gentilicio.

Articulista: Francisco «Kiko» Chávez/Cronista del Municipio Lagunillas