Editorial y Opinión

Desde mi Curul: El día que un coloso cayó en Maracaibo

El Diario Tricolor.- La memoria histórica de un pueblo no solo se construye con sus triunfos, sino también con las cicatrices que marcan su geografía y su historia en su alma. Un día como el 6 de abril de 1964, el estado Zulia fue testigo de lo impensable: El «Coloso«, nuestro imponente Puente General Rafael Urdaneta, en Maracaibo, símbolo de la modernidad y el orgullo zuliano, sucumbió ante la fuerza errática de la ingeniería humana.

El buque tanquero «Esso Maracaibo», tras sufrir una falla eléctrica masiva, perdió el control y colisionó violentamente contra la pila número 31. El impacto fue devastador: 260 metros de estructura sólida se desplomaron en el vacío. El saldo fue desgarrador: ocho víctimas fatales y cuatro vehículos que desaparecieron en las profundidades del lago.
Lo que muchos consideraban indestructible, al igual que el mítico Titanic del que decían que «ni Dios podría hundirlo», se quebró en un instante. Aquella tragedia nos dejó una lección que trasciende el tiempo y que parece olvidarse en los despachos del poder: la vulnerabilidad humana.

La estructura fue reparada en apenas ocho (8) meses, reinaugurada bajo el gobierno de Raúl Leoni, pero la herida en la conciencia colectiva permanece. Este aniversario debe recordarnos diariamente que de Dios es el poder y la gloria.
La soberbia creo que es peor de los naufragios de un hombre.
Hago una reflexión, especialmente a nuestros dirigentes, militancia en general, y afiliados políticos de las diferentes organizaciones políticas, a deponer un poco ese orgullo y arrogancia que nos hacen daño, tanto en Venezuela, como en cualquier latitud donde nos encontremos.

La verdadera grandeza no reside en el concreto ni en los títulos, ni cargos, ni posiciones sino en la humildad, la modestia y la sencillez.
Si un coloso de concreto puede caer por el error de un hombre, ¿Qué nos hace pensar que la soberbia política es invencible?.
En aquel momento El Coloso nos recordó una verdad eterna: «Dios resiste a los soberbios y da gracias a los humildes» (Santiago :4:6).
Que el recuerdo de la pila 31 nos mantenga siempre con los pies en la tierra y el corazón en la fe. Que ninguna obra humana es más grande que la voluntad de Abba.

Articulista: Dr. Mario Douglas Serrano M.