Editorial y Opinión

Ley de Amnistia o ¿ un salvavidas ?

El Diario Tricolor.- En un giro que parece sacado de un guión de telenovela, el parlamento venezolano, dominado por el oficialismo, aprobó por unanimidad en primera discusión el proyecto de Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, el pasado 5 de febrero de 2026. Esta iniciativa, impulsada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, tras la captura de Nicolás Maduro en una incursión militar estadounidense el 3 de enero, abarca delitos políticos cometidos desde 1999, el año en que el chavismo llegó al poder.

Sin embargo, lo que se presenta como un acto de reconciliación nacional, huele más a un desesperado salvavidas para un régimen que, hasta hace poco más de un mes, amenazaba con puño de hierro a cualquiera que osara oponerse.
Recordemos el contexto. Hace apenas unas semanas, el chavismo aún operaba bajo la sombra de la “Operación Tun Tun”, una campaña de detenciones masivas lanzada en 2024 que resultó en violaciones flagrantes de los derechos humanos, enviando a cientos de opositores a prisiones donde enfrentaron torturas, juicios amañados, e incluso sentencias de muerte implícitas a través de negligencia médica y condiciones inhumanas.

Políticos, activistas y ciudadanos comunes fueron víctimas de un aparato represivo que no dudaba en usar el Estado como arma contra la disidencia. Ahora, con Maduro fuera de escena y presiones internacionales –especialmente de Estados Unidos–, el mismo sistema que perpetró estos abusos busca “lavar su cara” con una ley que promete perdón y paz.

Esta ley llega con un retraso de más de una década. En 2016, la oposición liderada por la Asamblea Nacional intentó promulgar una amnistía similar para liberar a presos políticos, pero fue bloqueada por el Tribunal Supremo de Justicia, leal al régimen. Hoy, el chavismo la resucita, pero no por convicción humanitaria, sino por supervivencia política.

La norma excluye expresamente a quienes hayan cometido violaciones graves de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad, homicidio intencional, corrupción o tráfico de drogas. Suena justo, ¿verdad? Pero en la práctica, esta selectividad podría servir para proteger a figuras del oficialismo mientras se libera a opositores “aceptables”, dividiendo a la disidencia y comprando tiempo para reestructurarse.

No es casualidad que la aprobación haya sido unánime, con la anuencia de algunos sectores opositores que muchos tildan de “seudos”, aquellos que han negociado en las sombras para mantener privilegios en un sistema corrupto.

Organizaciones de derechos humanos y familiares de víctimas han expresado escepticismo profundo. Según Foro Penal, al menos 383 presos políticos han sido excarcelados desde el 8 de enero, pero esto no borra el rastro de sangre. En redes sociales, voces críticas comparan esta ley con tácticas históricas de regímenes autoritarios, como las Leyes de Núremberg, donde se creaban categorías para dividir y controlar.

Otros la ven como “perdón selectivo” sin verdad ni reparación a las víctimas, un mero control de daños para calmar a la sociedad civil y cumplir con acuerdos de transición impuestos desde afuera. Delcy Rodríguez la promociona como un sello de “paz y reconciliación”, pero ¿cómo reconciliarse con un pasado de familias destrozadas, miles en el exilio por persecución política y un país en ruinas económicas y sociales?

Es imposible olvidar el daño imborrable. Madres que perdieron hijos en protestas reprimidas, exiliados que no pueden regresar sin temor, y una generación marcada por el miedo. Esta ley no es un puente hacia la justicia: es un escenario montado para pacificar sin accountability. Mientras el chavismo acelera su aprobación –Jorge Rodríguez urgió celeridad, admitiendo que “no tenemos mucho tiempo”–; el pueblo venezolano debe exigir más investigaciones independientes, reparaciones reales y un desmantelamiento del aparato represivo. Solo así, la amnistía dejaría de ser un salvavidas para los verdugos y se convertiría en un paso genuino hacia la sanación nacional.

En última instancia, Venezuela no necesita amnesias selectivas, sino memoria colectiva para no repetir los horrores de 27 años de chavismo. La verdadera reconciliación comienza con la verdad, no con un perdón impuesto desde el poder.

Periodista Fernando Colmenares
CNP- 15823