Editorial y Opinión

La Navidad en mi Curul: Un pesebre sin fronteras

El Díario Tricolor.- Este es un artículo redactado desde mi alma en mi destierro obligado, como muchos, actualmente en nuestra diaspora venezolana .
Con el trataré de tocar la fibra de la nostalgia pero también para encender la luz de nuestra resistencia espiritual. Convencido de que Dios es bueno todo el tiempo.

Vivimos actualmente en un Pesebre sin Fronteras.
Hoy es Navidad y para el corazón venezolano, esta fecha ya no se mide en kilómetros, sino en suspiros.
Mientras las luces de otras ciudades titilan en idiomas extraños, el alma del desterrado en su diaspora, viaja libre hacia el calor del hogar que el regimen intentó arrebatarle.

Es una mezcla agridulce del sabor de la lágrima que cae, al recordar el aroma de una hallaca envuelta en familia, y el crujir de un pan de jamón que hoy sabe a ausencia. Y con el escuchar de villancicos y gaitas se nos pone un nudo en la garganta y sin querer, queriendo, unas cuantas lágrimas corren por nuestras mejillas.

La tristeza es real. Es el vacío en la silla de nuestro comedor, la ausencia de no verte cerca del Pesebre; la cartica de Navidad a Papá Dios. Es la tradición de las luces y sus encendidos y el titilar de las luces del Arbolito; por qué tú no estás. Es el abrazo que se queda suspendido en una pantalla de celular y el frío de un invierno que no conoce de parrandones, ni de «gaitas de patio».

La Diáspora ha dispersado nuestras tradiciones por el mundo, convirtiendo cada rincón del planeta en un pequeño trozo de Venezuela que hoy lloramos por nuestra libertad.

Sin embargo, en medio de este exilio forzado, la venida del Niño Jesús cobra un significado más puro. Él también fue un refugiado; Él también fue perseguido, Él también nació lejos de las comodidades, en la sencillez de lo esencial. Para los Venezolanos que sufrimos, el Pesebre hoy está en nuestro pecho. Jesús nace en la Resiliencia de quien trabaja el doble para enviar su remesa, en la valentía de quienes no nos rindimos que cada día hacemos lo que tenemos que hacer, como la Fábula del Colibrí, y en la fe inquebrantable de que pronto habrá un reencuentro.

Hago un llamado a la humanidad a la gente de paz y de bien.
En cada ciudad y pueblo del mundo donde haya un venezolano, abranle sus puertas. Un plato de comida es generosidad, ni te va hacer mas rico, ni tampoco más pobre porque una invitación a tu mesa es un acto de justicia frente al dolor y la vivencia del desterrado. Compartir el calor del hogar es devolverle en ese momento su humanidad de un pedazo de Patria a quien lo perdió todo, menos la esperanza.

Que esta Navidad sea el puente entre la nostalgia y la alegría. Que lloremos por lo que dejamos, pero que riamos con la certeza de que la luz siempre vence a la sombra.
Porque el Niño Dios no nace en un lugar, nace en la esperanza, nace en tu corazón, que Dios es bueno siempre y que toda Venezuela volverá a casa, completamente a casa.
Dios te bendiga 🎄🪄🙏
Feliz Navidad.
Articulista: Mario Douglas Serrano Meoz.