La última palabra… ¿la tienes tú?
El Diario Tricolor.- En la vida cotidiana, muchas personas delegan decisiones que les corresponden exclusivamente a ellas mismas. Por simples o complejas que sean, desde elegir qué comer en un restaurante hasta seleccionar un color de ropa o un mueble para el hogar, a menudo consultamos la opinión de otros: «¿Qué te parece?», «¿Te gusta?». Este hábito, aparentemente inofensivo, revela una tendencia profunda: ceder el control de nuestra propia existencia. Nadie debería tener la última palabra en tu vida más que tú mismo.
¿Por qué cedemos el control?
Delegar decisiones personales no es algo nuevo ni aislado. Desde la psicología, se explica por varios factores. Uno de los principales es la baja autoestima o la falta de confianza en nuestras capacidades. Personas con autoestima baja, dudan de su juicio y prefieren transferir la responsabilidad a otros para evitar el miedo a equivocarse. Esto genera un fenómeno conocido como «parálisis por análisis»: nos abrumamos con las opciones y sus posibles consecuencias, optando por no decidir o dejar que otro lo haga.
Otro motivo común es el «people-pleasing» o complacer a los demás. Muchas veces, priorizamos la aprobación externa sobre nuestras preferencias internas, aprendiendo desde temprana edad que nuestras opiniones no importan tanto. Esto lleva a un ciclo vicioso: resentimiento acumulado hacia quienes «deciden por nosotros», sensación de estancamiento y una vida que parece suceder «a pesar de nosotros», no por nuestras elecciones.
En ejemplos cotidianos, como los que mencionas, salir a cenar y dejar que otro elija el plato, o comprar algo preguntando si «le gusta» a alguien más, estamos renunciando a nuestra autonomía. Estas pequeñas cesiones se acumulan y terminan definiendo trayectorias mayores: carreras, relaciones o estilos de vida impuestos por expectativas ajenas. La indecisión crónica surge del miedo a equivocarse, llevando a delegar decisiones en otros. Muchas personas dudan tanto que prefieren consultar opiniones externas antes de actuar.
Las consecuencias de no tener la última palabra
No reclamar el control de nuestras decisiones tiene un costo alto. A nivel emocional, genera resentimiento, frustración y una sensación de victimismo: «las cosas me pasan porque otros deciden». Esto erosiona la autoestima y puede derivar en ansiedad, depresión o incluso hipengyofobia (miedo irracional a la responsabilidad).
En el largo plazo, vivir bajo las decisiones ajenas nos aleja de una vida auténtica. Terminamos en caminos que no elegimos, con metas que no son nuestras, y una insatisfacción crónica. Como bien señala la psicología, la autonomía es esencial para el desarrollo personal: nos hace responsables, resilientes y capaces de crecer a partir de nuestros errores. La indecisión patológica refleja una profunda duda interna que bloquea la acción propia.
La importancia de reclamar tu autonomía
La autonomía personal es la capacidad de controlar tu vida según tus valores, preferencias y normas propias. No significa aislarte o rechazar consejos —escuchar opiniones es valioso—, sino tener la última palabra. Decidir por ti mismo fomenta la confianza, la madurez emocional y una mayor satisfacción vital.
Tomar decisiones propias, aunque impliquen riesgo o error, es liberador. Te permite aprender, ajustar el rumbo y construir una existencia alineada con quien realmente eres. Como decía Nietzsche, la responsabilidad es esencial en el ser humano porque lo que nos sucede deriva de nuestras decisiones, no de fuerzas externas. Ejercer la autonomía significa tomar decisiones alineadas con tus valores y preferencias. La verdadera libertad surge al asumir el control de tus elecciones diarias.
Cómo empezar a tener la última palabra
- Practica en lo pequeño: elige tu comida, tu ropa o tu entretenimiento sin consultar. Nota cómo te sientes al decidir solo por ti.
- Reflexiona sobre tus valores: pregúntate qué quieres realmente, no qué esperan los demás.
- Acepta el error como aprendizaje: equivocarte es parte del proceso; evita la parálisis por miedo al fracaso.
- Distingue consejo de decisión: rscucha opiniones, pero reserva la elección final.
- Construye confianza: celebra tus decisiones acertadas y analiza las no tan buenas sin autocastigo.
En resumen, la última palabra en tu vida debe ser siempre tuya. Reclamarla no es egoísmo, sino un acto de amor propio y responsabilidad. Solo así vivirás con autenticidad, plenitud y sin resentimientos acumulados. ¿Estás listo para tomarla?
Articulista: Lcdo. Fernando Colmenares
CNP 15823


