Desde mi Curul «La disonancia del retorno de la diaspora venezolana»
Huele a Navidad
El Díario Tricolor.- El aire se siente distinto. Ya no huele a la prisa frenética del Metro de Santiago, ni al frío estoico de los inviernos de Madrid, sino a la brisa cálida, tampoco a las guaguas de pan, la colada morada y el excelente servicio de transporte de Quito con Metro incluído, o salobre de la Costa que un día prometimos no extrañar.
Aquí, de nuevo en casa, una nueva disonancia asalta mi alma de migrante venezolano que, tras cuatro, cinco o hasta diez años de diáspora, ha decidido volver.
No forzado por la crisis sino por «un llamado interno del de la Patria que cuando llama hasta el llanto de la Madre calla», escribió Nuestro Libertador Simón Bolívar.
Es una elección propia que teje la más compleja de las nostalgias. Este fenómeno, que algunos llaman la «Nueva Diáspora de Retorno«, se anida en una mezcla agridulce. Hay alegría por la familiaridad recuperada: el pan de jamón y nuestras multisapidas Hallacas decembrinas, de nuestra música tan variada, de nuestro especial trato de hermano, el acento que no necesita traducción, los afectos pausados de los padres que envejecieron a la distancia. Pero sobre todo el reencuentro con la gran belleza de nuestra mujer, única e incomparable en el mundo. Nuestra mujer Venezolana. Ah! y los nietos que se quedaron en el camino. Pero esa alegría se enfrenta al dolor del desencanto.
La Venezuela que se idealizó en el recuerdo no es la misma que se dejó, no existe. Sus carencias estructurales que ahora se sienten más afiladas que nunca, contrastrastan con el orden, la disciplina y la eficiencia del extranjero.
Encontraremos un país destruido y abandonado, con un promedio de reconstrucción social y económica, siendo optimista de unos 15 años. Como la canción…»No queda nada.»
.. Acabaron con todo.
¿Por qué volver, entonces? La respuesta no está en la economía sino en la fibra existencial. El éxito económico, académico, social y de experiencias en el exterior, a menudo, que no logró llenar el vacío cultural y afectivo. El «progreso» se sintió solitario.
Esta vuelta voluntaria es la búsqueda de una plenitud donde el individuo y su entorno son inseparables.
El retornado no es el mismo que se fue. Llega con un know-how global, con la disciplina forjada en el rigor migratorio y, paradójicamente, con un nuevo sentido de pertenencia y arraigo.
Es un acto de esperanza cívica, una apuesta íntima por la reconstrucción desde lo personal. Esta segunda diáspora, la del retorno, es una promesa de que, quizás, la verdadera Patria no es el lugar que se dejó, sino el que se elige volver a construir.
Despojando la Patria de la Politica y del Poder ; y se reduce a un Gran Vínculo Emocional
Puro: A la «Propiedad Afectiva.«
Termino con un pensamiento de John Das Pasos, escritor y periodista Hispano Estadounidense:
«Podéis arrancar al hombre de su país, pero jamás puedes arrancar el país, del corazón del hombre,»
Lee, estudia y escribe que algo queda.
No critiques, construye siempre.
Dios te bendiga
El Columnista
Profesor
.Dr. Mario Douglas Serrano Meoz
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